están involucrados con la política, y quienes han recibido educación laica, y así, las funciones de los distintos grupos, sociedades y comunidades han sido definidos y se han distinguido unas de otras. De igual modo, la recompensa material que reciben por sus funciones es para ganarse la vida, mientras que la recompensa espiritual que consiste en la atención que reciben de los demás por sus ambiciones y orgullo, esto también está establecido y especificado [^1]. Por lo tanto no existe nada en común al punto que llegue a producir conflicto, disenso y rivalidad. Sin importar lo maligno que es el camino por el que ellos andan, podrán preservar la unidad y el acuerdo.
[^1]:Tengan cuidado, que la atención de los seres humano no se puede ser exigida sino sólo dada. Si es dada, uno no debería deleitarse con ella. Si uno se deleita con ella, la sinceridad se pierde y la hipocresía toma su lugar. La atención de los seres humanos, si se cumple por el deseo para por honor y fama, no es una recompensa ni un premio, sino un reproche y un castigo por falta de sinceridad. Esta atención de los seres humanos, este honor y esta fama dañan la sinceridad, la fuente de la vitalidad para todas las buenas obras y a pesar de que brindan un pequeño placer en cuanto a la puerta de la tumba, del otro lado de esa puerta toman la forma de tormentos. En consecuencia, uno no debería desear la atención de los seres humanos sino huir y rehuir de ello. ¡Estén advertidos, todos los que adoren la fama y corran detrás del honor y el rango!
Pero en cuanto a la gente religiosa, los sabios, y aquellos que siguen el sufismo, la tarea de cada uno tiene que ver con toda la gente; su recompensa material no está determinada ni especificada; y su parte en el aprecio y la aceptación social y la atención pública no están predeterminadas. Muchos pueden ser candidatos al mismo puesto; muchas manos pueden extenderse para recibir cada recompensa espiritual o material que se ofrece. De ahí es que surgen el conflicto y la rivalidad; la concordia cambia a discordia y el acuerdo, a disputa. Ahora bien, la cura y el remedio para esta terrible enfermedad es la sinceridad. La sinceridad puede ser obtenida al preferir adorar a Allah antes que adorar nuestra propia alma, al causar la complacencia de Allah al vencer los placeres del alma y del ego, y así poner de manifiesto el significado de esta aleya: ﴾ اِنْ اَجْرِىَ اِلَّا علٰى اللّٰهِ ﴿ al renunciar a las recompensas materiales y espirituales que vienen de los seres humanos [^2] y así poner de manifiesto el significado de esta aleya: ﴾ وَمَا علٰى الرَّسُولِ اِلَّا الْبَلَاغُ ﴿ y al saber que estos asuntos son de buena aceptación, al causar una impresión favorable, al obtener la atención de los seres humanos como una tarea y un favor de Yenáb-i Jak, y al saber que no cumplen ningún rol en hacer llegar el mensaje, que es la tarea de cada uno, ni son
[^2]:Uno también debería tomar como su guía la cualidad de preferir a otros a uno mismo, la misma cualidad de los compañeros que es alabada en el Corán. Por ejemplo, al dar un regalo o realizar un acto de caridad, uno debería siempre preferir al receptor para uno mismo y sin exigir o desear internamente cualquier recompensa material por el servicio religioso, sabiendo que nuestro acto es puramente por la gracia de Allah y no imponer un sentido de obligación sobre las personas. Nada mundanal debería buscarse a cambio del servicio religioso, porque si no, la sinceridad se perderá. Las personas tienen muchos derechos y demandas e incluso pueden merecer el zakat pero no se puede exigir. Cuando uno recibe algo, no se puede decir: “Esto es la recompensa de mi servicio”. Más bien con una perfecta conformidad uno debería siempre preferir antes que a uno mismo, a otros que lo merecen más. Así, manifestando el significado de ﴾وَ يُؤْثِرُونَ عَلٰى اَنْفُسِهِمْ وَلَوْ كَانَ بِهِمْ خَصَاصَةٌ ﴿ uno se puede salvar de este terrible peligro y obtener sinceridad.
