todos los Nombres Divinos manifestados en el macrocosmos que es el mundo también en general tienen manifestaciones en el microcosmos que es el ser humano. Los asuntos beneficiales como la buena salud, el bienestar y los placeres provocan que el ser humano agradezca y hacen que la máquina humana realice sus funciones en muchos aspectos y así el ser humano se vuelve como una fábrica que produce agradecimiento.
Similarmente, por medio de las desgracias, las enfermedades, los dolores y otros defectos que inducen al movimiento y que hacen correr, los otros engranajes de la máquina humana se ponen en movimiento y a correr. La mina de la debilidad, la impotencia y la pobreza inherente a la naturaleza humana es puesta a trabajar. Induce en el ser humano un estado en el que busca refugio y ayuda no sólo con una sola lengua sino con la lengua de cada uno de sus miembros. Así, por medio de esos defectos, el ser humano se vuelve como una pluma que se mueve y que comprende miles de diferentes plumas. Él inscribe el curso asignado de su existencia en la página de su vida o en la Tabla del Mundo de Similitudes; establece una declaración de los Nombres Divinos; y se convierte en una oda a la Gloria de Allah, así cumpliendo el deber de su naturaleza.
