Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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¡Oh, hermanos aturdidos por las preocupaciones de ganarse el sustento y embriagados por la codicia por las cosas mundanales! La codicia es dañina y perniciosa; ¿cómo es posible entonces que cometes todo tipo de actos de bajeza en pro de tu codicia; que aceptes todo tipo de riquezas sin importar si son lícitas o ilícitas; y que sacrifiques gran parte del Más Allá? En pro de tu codicia, incluso abandonas uno de los pilares más importantes del Islam, que es pagar el zakat, a pesar de que el zakat es para todos el medio para atraer la abundancia y para repeler las tribulaciones. Quien no paga el zakat es propenso a perder el monto de dinero que de todos modos hubiera tenido que pagar: o lo gastará en algo inútil o por alguna desgracia lo tendrá que gastar de todos modos.

En un sueño veraz que tuve durante el quinto año de la Primera Guerra Mundial, me preguntaron lo siguiente:

“¿Cuál es la razón por la que el hambre, las pérdidas financieras y el padecimiento física aquejan a los musulmanes en este momento?”

En mi sueño, respondí:

“De la riqueza que Él nos da, Allah Todopoderoso, nos pidió un diez o un cuarenta por ciento [^1] para que podamos beneficiarnos con las oraciones de agradecimiento de los pobres, y para evitar el rencor y la envidia. Pero con nuestra codicia y avaricia, nos hemos negado a pagar el zakat, y Allah Todopoderoso nos ha quitado un treinta por ciento del cuarenta que debíamos y un ocho por ciento del diez que debíamos.

[^1]:Un 10% de bienes como el maíz, que se cosecha todos los años; y un 2,5% de la ganancia que produzca un negocio durante un año.

“Allah nos ha pedido que, un solo mes al año, pasemos hambre para obtener setenta beneficios. Pero nos dan pena nuestras almas instintivas y no sentimos ese hambre pasajero y beneficioso, por eso Allah Todopoderoso nos castigó al obligarnos a ayunar por cinco años, un hambre repleta de setenta tipos diferentes de calamidades.

“También nos pidió que, de un período de veinticuatro horas, pasemos una hora como si fuera haciendo un ejercicio Divino, placentero y sublime, luminoso y beneficioso. Pero por nuestra pereza, hemos descuidado nuestra obligación de rezar. Esa simple hora al día se sumó a las demás y se desperdició. Como penitencia, Allah Todopoderoso nos sometió a una forma de ejercicio y esfuerzo físico que reemplazó a la oración”.

Entonces me desperté y, después de reflexionar, me di cuenta de que mi sueño contenía una verdad extremadamente importante. Como lo he demostrado y explicado en la Palabra Veinticinco, cuando comparé la civilización moderna con los principios del Corán, toda la inmoralidad y la inestabilidad en la vida social del ser humano proceden de dos fuentes:

La primera: “Una vez que mi estómago está lleno, ¡qué me importa si otros se mueren de hambre!”

La segunda: “Tú trabajas y yo me alimento”.

Lo que hace que estas dos fuentes se perpetúen es por el predominio de la usura y del interés, por un lado, y por el incumplimiento del zakat, por el

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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