instancias de una persona codiciosa que quedan expuestas a la pérdida: que اَلْحَرِيصُ خَائِبٌ خَاسِرٌ es una verdad mundialmente aceptada. Así es, pues, que si amas la riqueza, no la busques con codicia sino con satisfacción, así podrás tenerla en abundancia.
El satisfecho y el codicioso son como dos hombres que entran en el auditorio de un gran personaje público. Uno de ellos se dice a sí mismo: “Es suficiente con que me deje entrar para que pueda escapar del frío que hace afuera. Incluso si me ofrece sentarme en un rincón, le agradeceré por su acto de bondad”.
Con arrogancia, como si tuviera algún derecho de exigir que todo el mundo lo respete, el segundo hombre dice: “Deben asignarme el mejor lugar del auditorio”. Así, entra con codicia y fija su mirada en los mejores lugares, deseando abalanzarse sobre ellos. Pero el dueño del auditorio lo decepciona asignándole un lugar más bajo. En lugar de agradecerle como debiera, el hombre se enoja y lo critica. Entonces, el dueño se ofende con él.
El primer hombre entra con humildad y desea sentarse en donde sea, aún si es un lugar incómodo. Su modestia es del agrado del dueño del auditorio, y entonces lo invita a sentarse en un lugar mejor. Así que el hombre queda muy agradecido.
Entonces, este mundo es como el auditorio del Más Misericordioso. La superficie del planeta es como un banquete servido por Su misericordia. Los diferentes grados de sustento y grados de recompensa se corresponden con las posiciones de los asientos del auditorio.
Además, incluso en el más mínimo asunto, todos pueden experimentar los efectos malignos de la codicia. Por ejemplo, todos sabemos en el corazón que cuando dos mendigos piden algo, es ofensivo que lo asedien a uno con codicia y no recibirá nada de nosotros; en cambio el que se acerque en paz y con humildad nos dará pena y seguramente le daremos lo que pide.
O para dar otro ejemplo, si no puedes dormir a la noche y deseas hacerlo, puedes lograrlo si permaneces indiferente. Pero si deseas dormir codiciosamente, y dices “me quiero dormir, me quiero dormir”, entonces no podrás hacerlo.
Otro ejemplo más es que si esperas con codicia que alguien llegue por un asunto importante y dices continuamente: “Aún no ha llegado”, a la larga perderás la paciencia y te irás. Pero un minuto más tarde esa persona llegará y el asunto que tenías que tratar habrá fracasado.
El motivo de todo esto es el siguiente: Producir una pieza de pan requiere de un campo en donde el trigo sea cultivado y cosechado, de un grano que sea llevado al molino y de que el pan sea cocinado en el horno. Del mismo modo, en el ordenamiento de todas las cosas existe cierta lentitud decretada por la sabiduría de Allah. Si por ser codicioso uno falla en actuar con lentitud, no se podrá darse cuenta de los pasos que se deben seguir en el ordenamiento de todas las cosas; se caerá o no podrá atravesar esos pasos y en cualquier cosa que tenga que hacer, no llegará a cumplir su objetivo.
