La Primera: Él pronunció la siguiente maldición contra Utba ibn Abi Lahab: اَللّٰهُمَّ سَلِّطْ عَلَيْهِ كَلْبًا مِنْ كِلاَبِكَ “¡Oh, Allah, envía un perro sobre él de entre tus perros!” Algún tiempo después Utba fue en un viaje durante el cual un león lo buscó en la caravana y lo desgarró en pedazos. Este incidente fue famoso y se relata como auténtico por las autoridades de Hadices.
La Segunda: Este es Muhallim ibn Yazama: injustamente él mató a Amir ibn Adbat, pero el Mensajero de Allah lo había enviado como comandante de una fuerza a pelear en el camino de Allah. Cuando esta noticia le llegó al Mensajero, se enojó y lo maldijo diciendo: اَللّٰهُمَّ لاَ تَغْفِرْ لِمُحَلِّمِ Muhallim murió una semana más tarde. Lo pusieron en su tumba, pero la tumba lo arrojó hacia fuera. Lo enterraron en varios lugares diferentes, pero todas las veces la tumba lo rechazaba. Finalmente construyeron una fuerte pared entre dos rocas y de esta manera el cadáver quedó resguardado.
La Tercera: Una vez, el Noble Mensajero de Allah (PyB) vio a un hombre que comía con su mano izquierda. Le ordenó
كُلْ بِيَمِينِكَ que coma con su mano derecha. El hombre respondió: لاَ اَسْتَطِيعُ “No puedo”. El Mensajero dijo como una maldición: لاَ اسْتَطَعْتَ “Que de aquí en adelante nunca puedas levantarla”. Y después de eso, nunca pudo usarla.
Sexto Ejemplo
Sexto Ejemplo: Aquí mencionaremos varios eventos que son ciertos, de entre las numerosas maravillas que resultaban de las oraciones del Noble Mensajero (PyB) y del toque de su mano.
El Primero: El Mensajero de Allah le dio a Jalid ibn al-Walid, conocido como la Espada de Allah, varios de sus cabellos y rezó por su victoria en la batalla. Jalid los puso en su gorro. Como resultado de los cabellos y las bendiciones de la oración, nunca hubo una batalla en la que él haya peleado que no fuera victorioso.
El Segundo: En el pasado, Salman al-Farsi había sido un esclavo de los judíos. Sus amos le habían pedido una recompensa muy alta diciendo: “Para obtener tu libertad, debes plantar trescientas palmeras y después de que den fruto, debes darnos cuarenta kilos de oro además de la fruta”. Él fue al Noble Mensajero (PyB) y le explicó su situación. El Mensajero de Allah (PyB) entonces plantó las trescientas palmeras en la región de Medina; sólo una de ellas fue plantada por otra persona. Ese año, todas las trescientas palmeras dieron fruto excepto por la plantada por otra persona. El Mensajero la arrancó de raíz y plantó otra, y también dio fruto. Luego frotó un poco de saliva en una
