Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Una vez, un hombre estaba en prisión. Enviaron a uno de sus hijos amorosos con él. El prisionero infeliz sufrió sus propios pesares y, ya que no pudo hacer que su hijo estuviera cómodo, también sufrió por su dificultad. Entonces el juez compasivo le envió un hombre a él con un mensaje que decía: “Por cierto este niño es tuyo, pero él es mi súbdito y de mi pueblo. Lo tomaré y lo cuidaré en un palacio delicado”. El hombre lloró angustiado. Dijo: “¡No te daré a mi hijo que es mi fuente de consuelo!” Sus amigos le dijeron: “Tu dolor no tiene sentido. Si te lamentas por tu hijo, él irá a un palacio espacioso y feliz en lugar de este calabozo sucio, apestoso y angustiante. Si sufres por ti mismo y estás buscando tu propio beneficio, si tu hijo se queda aquí, sufrirás mucha angustia y dolor por las dificultades de tu hijo además de tu beneficio dudoso y temporario. Si va allí, será mil ventajas para ti, será la causa de atracción de la misericordia del rey y será un intercesor para ti. El rey querrá que te encuentres con él. Seguramente no lo enviará a la cárcel para que tú lo puedas ver; te liberará a ti de la prisión, te convocará al palacio y te permitirá encontrarte con tu hijo allí. Con la condición que de tengas confianza en el rey y lo obedezcas…”

Mi querido hermano, como esta comparación, cuando los hijos de los creyentes mueren como el tuyo se debe pensar como sigue: el niño era inocente y su Creador es Compasivo y Generoso. Lo ha llevado ante Su más perfecta gracia y misericordia en lugar de mi crianza y compasión deficientes. Lo ha liberado de la prisión dolorosa, calamitosa y difícil de este mundo y lo envió a los jardines del Paraíso. ¡Qué felicidad para el niño! Si se hubiera quedado en este mundo, quién sabe qué forma hubiese tomado. En consecuencia, no siento pena por él, creo que es afortunado. Quedan los beneficios para mí mismo y no me lamento por mí, ni me angustio ni siento pesar. Porque si se hubiera quedado en el mundo, él hubiera asegurado diez años del amor temporario de un hijo mezclado con dolores. Si hubiera sido recto y si hubiera sido capaz en cuanto a los asuntos del mundo, tal vez me hubiera ayudado. Pero con su muerte, se ha vuelto como un intercesor que es el medio de diez millones de años del amor de un niño en el Paraíso eterno y de la felicidad perdurable. Por cierto, quien pierde un beneficio dudoso e inmediato y gana mil beneficios ciertos y pospuestos no muestra dolor ni pesar, no grita desesperado.

Tercer Punto

TERCER PUNTO

El niño que murió era la criatura, la posesión, el siervo y, junto con todos sus miembros, la obra de arte de un Creador Muy Compasivo y, perteneciéndole a Él, fue un amigo de sus padres, puesto temporariamente bajo su supervisión. El Creador hizo que el padre y la madre fueran siervos del hijo. A cambio por sus servicios, Él les dio una compasión agradable como salario inmediato. Ahora, si como lo requieren la misericordia y la sabiduría, ese Creador Compasivo, Quien tiene novecientas noventa y nueve partes de mil de las que tiene el niño, te quita al niño y le pone fin a tu servicio, gritar con dolor y desesperación debido a esa única parte aparente frente al verdadero dueño de las mil partes de una manera que parece una queja, no es apropiado de un creyente; más bien es apropiado de la gente negligente y extraviada.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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