Segundo Punto
Segundo Punto: El Imám Rabbani, el Regenerador del Segundo Milenio, Ahmad Faruqi (que Allah esté complacido con él), dijo: “En mi opinión, la revelación y la aclaración de una sola de las verdades de la fe es preferible a miles de iluminaciones e keramets. Además, el objetivo y resultado de todos los caminos sufíes son revelar y aclarar las verdades de la fe”. Ya que un héroe del sufismo como el Imám Rabbani hizo tal pronunciamiento, seguramente Risale-i Nur, que exponen las verdades de la fe con perfecta claridad y proceden de los misterios del Corán, pueden transmitir los resultados buscados de la cercanía de Allah.
Tercer Punto
Tercer Punto: Hace once años, descendieron terribles golpes sobre la cabeza negligente del Viejo Said y reflexionó sobre la afirmación de que ‘la Muerte es una realidad’. Se vio a sí mismo en un pantano enlodado. Buscó ayuda, buscó un camino, intentó encontrar un salvador. Vio que los caminos eran muchos; dudó. Tomó un presagio del libro Futuh al-Ghayb de Gawth al-A'zam, el Sheik Gilani (que Allah esté complacido con él). Se abrió en estas líneas: اَنْتَ فِى دَارِ الْحِكْمَةِ فَاطْلُبْ طَبِيبًا يُدَاوِى قَلْبَكَ Es extraño, pero en ese momento yo era miembro del Darü'l-Hikmeti'l-Islamiye. Fue como si yo fuera un doctor intentando curar las heridas de los musulmanes, pero yo estaba más enfermo que ellos. Una persona enferma debe mirarse a sí mismo primero, luego puede mirar a los otros.
Así, el Sheik me estaba diciendo: “Tú estás enfermo; encuentra un doctor para ti mismo”. Entonces dije: “¡Tú sé mi doctor!” Lo tomé como mi doctor y leí el libro como si estuviera dirigido a mí, pero era muy severo. Aplastó mi orgullo de la manera más temible. Llevó a cabo la cirugía más drástica sobre mi alma. No lo soporté. Leí la mitad del libro como si estuviera dirigido a mí, pero no tuve la fuerza ni la tolerancia para terminarlo. Puse el libro de regreso en el estante. Luego, un tiempo después, el dolor de esa operación curativa mermó y el placer tomó su lugar. Lo leí todo; me beneficié mucho de ese libro de mi primer maestro. Escuché sus oraciones y súplicas y saqué provecho de ellas en abundancia.
Luego vi el libro Cartas (Maktubat) del Imám Rabbani y lo tomé en mis manos. Lo abrí con una intención sincera de tomar un presagio. Es extraño, pero en todo el libro, la palabra Bediüzzaman aparece sólo dos veces. Y esas dos cartas se abrieron ante mí inmediatamente. Vi que en el encabezamiento estaba escrito: Carta a Mirza Bediüzzaman y el nombre de mi padre era Mirza. ¡Glorificado sea Allah! Exclamé, estas cartas están dirigidas a mí. En ese momento, el Viejo Said también era conocido como Bediüzzaman. Además de Bediüzzaman Hamadani, no conocía a nadie más en los trescientos años del calendario Islámico que fuera famoso por el nombre. Mientras que en la época del Imám había una persona así y le escribió estas dos cartas. El estado de esta persona debe haber sido similar a la mía, ya que encontré estas cartas como la cura para mi enfermedad. Solamente el Imám recomendaba persistentemente en muchas de sus cartas que lo que escribió en estas dos, que era: “Haz de tu
