Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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Frecuentemente he observado y estudiado en mí mismo un estado que experimento. El estado es una realidad y es esta:

El Día de Arafat, la víspera de la Fiesta del Sacrificio, solía recitar la Sura al-Ijlás cientos de veces. Observaba que algunos de mis sentidos inmateriales recibían sustento algunas veces, luego dejarían de hacerlo y se detendrían. Otras, como la facultad del pensamiento reflexivo, se volverían hacia el significado por un momento, recibirían su parte, luego también se detendrían. Y algunos, como el corazón, recibirían su parte con respecto a ciertos conceptos que eran el medio de un placer espiritual, luego también quedarían en silencio. Y así sucesivamente. Gradualmente, con la repetición sólo de algunas, las facultades sutiles permanecerían y se cansarían sólo mucho después que los otros; continuarían sin necesidad de más significado y estudio. La negligencia no fue perjudicial para estos, como sí lo fue para la facultad de pensamiento. Suficiente para ellos fue el significado usual contenido en las marcas y signos, con el resumen del significado que comprenden las palabras y las palabras llenas de significado. Si el significado se hubiera pensado en ese punto, le hubiera causado aburrimiento dañino. De todos modos, aquellas facultades sutiles que continúan no necesitan estudio y comprensión, más bien muestran la necesidad de recuerdo, consideración y ánimo. Y las palabras que son como la piel son suficientes para ellos y realizan la tarea del significado. Especialmente al recordar a través de aquellas palabras árabes que son la Palabra de Allah y el discurso Divino, son medios de refulgencia constante.

Así, este estado que yo mismo experimenté muestra que es muy dañino expresar en otro idioma verdades como el llamado a la oración y el tesbihat que sigue a las oraciones obligatorias y las Suras del Corán como Fatiha y al-Ijlás, que se repiten todo el tiempo. Porque cuando las palabras Divinas y de las palabras del Profeta (PyB) que son la vertiente constante, se pierden, la parte constante de aquellas constantes facultades sutiles también se pierde. También es dañina la pérdida del mínimo de diez méritos por cada letra y la negligencia y la oscuridad provocada al espíritu por los términos humanos de las traducciones debido al sentido de la presencia Divina que no persiste para todos a lo largo de las oraciones.

Por cierto, como dijo el Imám A’zam que لَااِلٰهَاِلَّااللهُ la marca y el signo de la afirmación de Unidad Divina, decimos lo siguiente: la gran mayoría de las palabras de glorificación y alabanza Divina y en especial de aquellos que hacen el llamado a la oración y las oraciones obligatorias, se han vuelto como marcas y signos. Como signos, se consideran más con su significado usual de la Sharía, más que con su significado literal. Entonces según la Sharía, no es posible cambiarlos. Una persona sin educación puede incluso aprender significados concisos de ellos, que todos los creyentes deberían conocer; es decir, un resumen de su significado. ¿Cómo esa gente que pasa toda su vida con el Islam y aún así llenan sus cabezas con trivialidades interminables puede excusarse por no aprender en una o dos semanas un resumen de los significados de estas palabras benditas que son la clave de la vida eterna?

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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