mayoría de los otros seres y es tan larga como para alcanzar desde las partículas hasta las galaxias. Es decir, quien realiza el acto creativo debe ser el hacedor de todos los actos creativos que están ligados a la ley universal que abarca a aquellos seres y se estira desde las partículas hasta las galaxias.
Por cierto, quien le da vida a una mosca debe ser quien crea a todos los insectos y animales y quien le da vida a la tierra. Y quien gira las partículas como si fueran derviches mevlevíes debe ser quien pone en movimiento sucesivamente a los seres tan lejos como el sol que viaja por los cielos con sus planetas, porque la ley es una cadena y los actos creativos están ligados a ella.
Es decir, tal como cada objeto le adjudica todos los otros objetos a su diseñador y cada acto creativo le atribuye todos los actos a su hacedor, de exactamente la misma manera, cada Nombre Divino manifestado en el universo le adjudica todos los Nombres a Quien él mismo describe y demuestra que ellos son Sus títulos. Porque los nombres manifestados en el universo son como círculos que se cruzan, mezclándose entre sí como los siete colores de la luz; se ayudan mutuamente y se perfeccionan y adornan las obras de arte entre sí.
Por ejemplo, el instante en que el Nombre de Dador de Vida se manifiesta sobre una cosa y se le da vida, el Nombre de Omnisciente también se manifiesta; ordena con sabiduría el cuerpo que es la morada de ese ser vivo. Al mismo tiempo, el Nombre de Munificente se manifiesta; adorna la morada del ser vivo. Así también, la manifestación del Nombre de Compasivo aparece; presenta las necesidades del cuerpo con ternura. En ese mismo instante, la manifestación del Nombre de Proveedor aparece; provee el sustento material y espiritual necesario para que continúe la existencia del ser vivo de maneras inesperadas. Y así sucesivamente. Eso significa que a quienquiera que pertenezca el Nombre de Dador de Vida, el Nombre de Omnisciente, que es luminoso y abarcativo en el universo, también es Suyo. El Nombre de Compasivo, que alimenta a todos los seres con ternura, también es Suyo. Y el Nombre de Proveedor, que sustenta a todos los seres vivos con munificencia, es Su Nombre y título. Y así sucesivamente.
Es decir, cada Nombre, cada acto, cada objeto es una prueba de Unidad Divina, y esa prueba tal que cada uno es una marca de Unidad Divina y cada uno es un sello de la Unicidad Divina que se ha inscrito en las páginas del universo y en las líneas del siglo. Cada uno indica que todas las palabras del universo, que se llaman seres, son inscripciones trazadas por la pluma de su propio escriba.
اَللّٰهُمَّ صَلِّ عَلٰى مَنْ قَالَ (اَفْضَلُ مَا قُلْتُ اَنَا وَالنَّبِيُّونَ مِنْ قَبْلِى لَااِلٰهَاِلَّااللهُ) وَعَلٰى آلِهِ وَصَحْبِهِ وَسَلِّمْ ∗∗∗
