deseos necios y otras emociones intensas de la naturaleza humana fueron dados para ganarse los asuntos del Más Allá. Dirigir esas emociones intensamente hacia los asuntos mundanales transitorios significa dar el precio de los diamantes eternos por pedazos de vidrio que se harán añicos. Un punto se me ha ocurrido en conexión a esto y te lo diré. Es así:
El amor pasional es un tipo de amor ardiente. Cuando se dirige hacia objetos transitorios, le provoca tormento y dolor al dueño, o bien, ya que el amado metafórico no vale el precio de semejante amor ferviente, hace que el amante busque un amado eterno. Entonces el amor metafórico se transforma en verdadero amor.
Así, hay en el ser humano miles de emociones, cada una de las cuales tiene dos niveles como el amor, uno metafórico, el otro, verdadero. Por ejemplo, la emoción de la ansiedad por el futuro está presente en todos. Cuando una persona es intensamente ansiosa sobre el futuro, ve que no tiene nada que garantice que llegará al futuro por el que está tan intensamente ansiosa. También, con respecto al sustento, hay un compromiso por él y el futuro es breve y no vale tan intensa preocupación. Entonces se aleja del futuro y se dirige hacia el verdadero futuro más allá de la tumba, que es duradero y que para los negligentes no hay compromiso alguno.
El ser humano también muestra una ambición intensa por las posesiones y la posición, entonces ve que la propiedad transitoria que se ha puesto temporariamente bajo su supervisión, y la fama y la posición calamitosa, que son peligrosas y conducen a la hipocresía, no valen semejante ambición. Se aleja de ellas hacia rangos y niveles espirituales en la cercanía de Allah, que constituye un verdadero rango, y hacia las provisiones del Más Allá y las buenas obras, que son la verdadera propiedad. La ambición metafórica, que es de una mala calidad, se transforma en verdadera ambición, una cualidad elevada.
Y, por ejemplo, con una obstinación intensa, el ser humano gasta sus emociones en cosas triviales, efímeras y transitorias. Entonces ve que persigue durante un año algo que no vale ni siquiera un minuto de obstinación. También, en nombre de la obstinación, persiste en algo dañino. Entonces ve que esta emoción poderosa no se le dio para esas cosas y que es contraria a la sabiduría y la verdad gastarla en ellas. Entonces utiliza su obstinación intensa, no en esos asuntos transitorios innecesarios, sino en las verdades elevadas y eternas de la fe, en los fundamentos del Islam, en el servicio y en los deberes pertenecientes al Más Allá. La obstinación metafórica, una cualidad infame, se transforma en verdadera obstinación; es decir, firmeza ardiente y constancia en lo que es correcto, una cualidad delicada y buena.
Así, como lo muestran estos tres ejemplos, si el ser humano usa las facultades dadas a él en nombre del alma maligna y de este mundo y, se comporta descuidadamente como si fuera a permanecer en el mundo para siempre, se vuelven el medio de la moralidad vil, el desperdicio y la inutilidad. Pero si gasta las menores de ellas en los asuntos de este mundo y las más intensas en deberes espirituales y tareas pertenecientes al Más Allá, se vuelven la fuente de morales loables y el medio de la felicidad en este mundo y en el próximo conforme a la sabiduría y la realidad.
