Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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La sexta palabra ﴾ مَيْتًا ﴿ pregunta: “¿Dónde está tu conciencia? ¿Tu naturaleza es tan corrupta que abandonas todo respeto y actúas de manera tan repugnante como para consumir la carne de tu hermano?”

Entonces, según el significado total de la aleya, así como también según lo que indica cada palabra, las calumnias y habladurías son repugnantes para la inteligencia y el corazón, para la humanidad y la conciencia, para la naturaleza y la conciencia social.

Ves, pues, que esta aleya condena las habladurías en seis grados milagrosos y refrena al ser humano de caer en ello de seis maneras diferentes. Las habladurías son un arma vil comúnmente utilizadas por la gente enemiga, envidiosa y obstinada, y quienes son respetables nunca se inclinarán a utilizar esta arma tan sucia. Una persona famosa dijo una vez:

اُكَبِّرُ نَفْسِى عَنْ جَزَاءٍ بِغِيْبَةٍ ❀ فَكُلُّ اِغْتِيَابٍ جَهْدُ مَنْ لَا لَهُ جَهْدٌ “Nunca me inclino a molestar a mi enemigo con habladurías, porque las habladurías son el arma de los débiles, de la gente más baja y vil”.

Las habladurías consisten en decir aquello que sería la causa de disgusto e irritación para la persona en cuestión si estuviera presente y lo escuchara. Incluso si lo que se dice es verdad, aún así sería caer en habladurías. Si es una mentira, entonces es tanto una habladuría como una calumnia y por lo tanto sería un pecado con peso doble.

Hablar mal de alguien puede estar permitido en sólo casos especiales:

Primero: Si se presenta una queja a un oficial de justicia y eso sirviera para ayudar a que el mal sea eliminado y se restaure la justicia.

Segundo: Si una persona que quiere asociarse con otra se presenta a pedirte consejo y tú le dices, sólo en pro de su beneficio y de aconsejarlo bien, sin ningún otro interés propio: “No cooperes con él; será una desventaja para ti”.

Tercero: Si el propósito no es exponer a alguien a la desgracia y la notoriedad, sino simplemente para advertir a la gente, y uno dice: “Ese hombre rengo y confundido fue a tal lugar”.

Cuarto: Si el sujeto del que se está hablando es un pecador sin vergüenza y de público conocimiento; si no le molesta el mal y, por el contrario, está orgulloso de los pecados que comete; si siente placer en hacer el mal y sin dudarlo peca de un modo evidente.

En estos casos en particular, hablar mal de alguien es permisible, si se hace sin ningún interés propio y únicamente si es por el bienestar de la comunidad. Pero fuera de estos casos, es como un fuego que consume la madera, las habladurías consumen las buenas obras.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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