un poeta y lo hubiese completado. Y a pesar de que no tengo la habilidad de escribir poesía o versos, de todos modos comencé, pero no pude hacer versos o poesía. Sin embargo como se me ocurrió, yo lo escribí así. Tú, mi heredero, si quieres, puedes transformarlo en poesía y ponerlo en verso. Lo que de pronto vino a mi mente fue esto:
Escucha a las estrellas, ¡escucha su discurso armonioso!
Ve qué sabiduría había estampado sobre el decreto de su luz.
Al unísono habían comenzado a hablar, dicen con la lengua de la verdad,
Dirigiéndose a la majestuosidad del Todopoderoso, la soberanía del Glorioso:
Cada una de nosotras somos luz esparciendo las pruebas de la existencia de nuestro Creador,
Somos testimonio de Su unidad y también de Su poder,
Somos milagros sutiles
Que iluminan el rostro de los cielos para que los ángeles puedan contemplarlo.
Somos los miles de ojos atentos de los cielos
Que observan la Tierra, que estudian el Paraíso. [^1]
[^1]:Es decir, ya que los innumerables milagros de poder se exhiben sobre la faz de la tierra, que es un almácigo para el Paraíso, los ángeles del mundo de los cielos contemplan esos milagros, esas maravillas. Y al igual que los ángeles, las estrellas, como los ojos de los cuerpos celestes, contemplan a las criaturas delicadamente diseñadas sobre la tierra y al hacerlo, miran al mundo del Paraíso. Al mismo tiempo miran tanto a la Tierra como al Paraíso; observan aquellas maravillas efímeras de una forma perdurable en el Paraíso. Es decir, en los cielos, hay perspectivas de ambos mundos.
Somos las miles de frutas exquisitas
Que la mano de la sabiduría del Glorioso y Bello le ha asegurado A la porción celestial del árbol de la creación,
A todas las ramas de la Vía Láctea.
Para los habitantes de los cielos,
Cada una de nosotras es una mezquita viajera, una casa que gira, un hogar majestuoso,
Cada una es una lámpara que ilumina, un barco poderoso, una maravilla del arte creativo
Creado por el Poderoso de Perfección, el Omnisciente y Glorioso; Una rareza de Su sabiduría, una maravilla de Su creación, un mundo de luz.
Les demostramos a los seres humanos cien mil pruebas,
Los hacemos oír con nuestras cien mil lenguas;
Pero sus ojos detestables, negadores, ciegos, no ven nuestros rostros, No oyen nuestras palabras.
Y somos signos que dicen la verdad:
Nuestra marca es una, nuestro sello es uno,
Somos dominadas por nuestro Sustentador;
Lo glorificamos a través de nuestro sometimiento;
Recitamos Sus Nombres;
