Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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﴾ هُوَ الْاَوَّلُ وَالْاٰخِرُ وَالظَّاهِرُ وَالْبَاطِنُ ﴿ y nos instruye sobre la facilidad y la certeza de la primavera.

Las manifestaciones de estos cuatro nombres ocurren en todas las cosas, desde la más particular hasta la más universal. Por ejemplo, a través de la manifestación del nombre اَلْاَوَّلُ una semilla, el origen de un árbol, es un programa preciso y un pequeño recipiente que contiene los impecables sistemas de la creación de los árboles y todas las condiciones de su formación, lo que demuestra la grandeza de la preservación Divina.

Entonces junto con las semillas de los árboles, sus frutos manifiestan el nombre de وَالْآخِرُ ; son los cofres que contienen los índices de todos los deberes que los árboles deben realizar de acuerdo con su naturaleza y los principios de su segunda vida, testificando de este modo la preservación Divina en un máximo nivel.

La forma física de los árboles revela el nombre de وَالظَّاهِرُ , que es una vestimenta finamente proporcionada y hábilmente decorada, como un manto de setenta colores de las huríes que ha sido bordado con motivos dorados, demostrando visiblemente el enorme poder, la sabiduría perfecta y la hermosa misericordia que existen en la preservación Divina.

Así, para la organización del mecanismo que existe dentro del árbol, se manifiesta el nombre de وَالْبَاطِنُ , es decir, una fábrica regular, sin falta, milagrosa y una mesa de trabajo, un caldero equilibrado de alimentos que no deja sin nutrir ninguna de sus ramas, ni sus frutos, ni sus hojas, lo que demuestra tan brillantemente como el sol, el perfecto poder, justicia, hermosa misericordia y sabiduría dentro de la preservación Divina.

Del mismo modo con respecto de las estaciones del año la tierra es como un árbol. A través del la manifestación del nombre de هُوََ اَلْاَوَّلُ , todas las semillas y granos confiados a la preservación Divina en la estación del otoño son pequeñas colecciones de los mandatos Divinos que conciernen a la formación de un árbol sobre la faz de la tierra que, cuando usan la vestimenta de la primavera, brotan millones de ramas, frutos y flores. Así también aquellas semillas son listas con los principios de procedimientos de la preservación Divina, las pequeñas páginas de las obras de un árbol del verano anterior y las notas de sus tareas que demuestran evidentemente que funcionan a través del poder infinito, justicia, sabiduría y misericordia de un preservador glorioso y generoso.

Entonces, el final del árbol anual que es la tierra, es en el segundo otoño; su depósito en esos pequeños recipientes, todos los deberes que ha realizado,

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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