cada uno de sus miembros se les ha dado formas adecuadas perfectamente ordenadas para que produzcan los frutos y resultados requeridos y para que realicen las tareas de sus naturalezas. Y por esto, ya que sólo podría ocurrir a través del conocimiento infinito, ellos dan tantos testimonios como cantidad de plantas y animales de la necesaria existencia y conocimiento ilimitado del Creador y Dador de Forma, un Omnisapiente Que Designa y conoce las relaciones de todo con todo lo demás y los mantiene a la vista y conoce la definición por medio de las brújulas y de la pluma del decreto y el designio de la sabiduría eterna de lo exterior e interior de los otros seres humanos y árboles y sus especies y de sus proporciones y formas medidas y dan testimonio de Quien hace esto.
#### Séptima y Octava Evidencia
La Séptima y Octava Evidencia: وَالْآجَالُ الْمُعَيَّنَةُ وَالْاَرْزَاقُ الْمُقَنَّنَةُ
Superficialmente, la hora señalada y el sustento parecen ser desconocidos e indeterminado, pero por una instancia de sabiduría importante bajo el velo de la imprecisión, la hora señalada está determinada y especificada en la página del destino de cada ser vivo en el cuaderno del decreto Divino eterno; no se puede adelantar ni postergar. Existen numerosas evidencias de que el sustento de cada ser vivo también está asignado y determinado e inscripto en las tablas del decreto. Por ejemplo, cuando muere un enorme árbol, deja su semilla, que es su espíritu de alguna manera, para continuar con sus tareas en su lugar y que esto ocurra a través de una ley sabia de un Preservador Omnisapiente; y la leche, el sustento de los infantes y las crías, que fluye de pechos y aparece entre la sangre y el excremento, que vierte en sus bocas de manera pura y clara sin estar contaminada; rechazan fehacientemente la posibilidad de la casualidad y muestra claramente que ocurre a través de la ley compasiva de un Proveedor Omnisapiente y Compasivo. Se puede hacer una analogía con estos dos pequeños ejemplos para todos los seres vivos y seres con espíritus.
Esto significa que en realidad tanto la hora señalada de la muerte está especificada y determinada, como el sustento de cada persona ha sido determinado y registrado en el cuaderno de su destino. Pero por una sabiduría muy importante, tanto la hora señalada como el sustento están ocultos detrás del velo de lo Oculto y parecen ser vagos, inespecíficos y aparentemente ligados a la coincidencia. Porque si la hora señalada hubiera sido específica como la puesta del sol, la primera mitad de la vida se pasaría en absoluta negligencia y se perdería sin trabajar para el Más Allá y la segunda parte se pasaría en terror horrendo, ya se sería como si cada día uno diera un paso más hacia la horca de la muerte, exacerbando la calamidad de la muerte multiplicada por cien. Por esta razón las calamidades que uno sufre y el Último Día, que es la hora señalada de la muerte del mundo, se han dejado escondidas en lo Oculto.
En cuanto al sustento, ya que después de la vida en sí, es la tesorería de bendiciones más grande y la fuente de agradecimiento y alabanza más rica
