ordena a buscar constantemente refugio para que nuestra luz se pueda completar y que Risale-i Nur tampoco quede deficiente.
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بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
¡Mis Queridos Hermanos Leales!
Yo creo que quienes no son sacudidos por las severas y duras pruebas de estas dos ‘Escuelas de José’, la anterior y la presente, y no abandonan sus lecciones, y no renuncian a ser sus estudiantes a pesar de haberse quemado con sopa hirviendo, y cuya fuerza espiritual no se ha roto a pesar de toda esta agresión, serán aplaudidos por la gente de realidad y por las futuras generaciones; así como los ángeles y los seres espirituales los aplauden. Sin embargo, ya que entre ustedes hay algunos que están enfermos, delicados o que son pobres, la angustia física es excesiva. Cada uno de ustedes debe consolar a cada uno y debe ser un ejemplo perfecto de paciencia y buena conducta, y un hermano compasivo que ofrece solidaridad y buena atención, un interlocutor inteligente en la discusión de la lección, un espejo en las reflexiones de cualidades morales así reduciendo las dificultades físicas a nada, mi preocupación por ustedes, a quienes amo más que a mi propio espíritu, se aplacó.
Un día, les enviaré la jubba de Mawlana Khalid, que tiene ciento veinte años. Invisto a cada uno de ustedes con él en su nombre, de la misma manera que él me invistió con él. Cuando lo quieran, se los envío.
Cuando recién llegué, el doctor me dio una vacuna para la varicela. Formó un furúnculo y se me hinchó el brazo. La hinchazón bajó hasta mi brazo; no me deja dormir y me dificulta hacer las abluciones. ¡Me pregunto si no puedo tolerar las vacunas o si tiene algún otro significado! Hace veinte años me vacunaron en Ankara, y aún me supura de vez en cuando y me provoca dolor. Pensé en esto y deseé que la nueva no me haga lo mismo; ¿cómo están las vuestras?
Said Nursi
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¡Mis Queridos Hermanos Leales!
Una razón de la justicia del Decreto Divino en conducirnos a la Escuela de José de Denizli es tanto sus prisioneros, y su gente, como tal vez también sus oficiales y jueces que necesitan mucho más de Risale-i Nur y de sus estudiantes que la gente de cualquier otra parte. Es por esto que hemos sido puestos a esta ardua prueba, con una tarea que pertenece a la fe y al Más Allá. Sólo uno o dos prisioneros de veinte o treinta realizaban las oraciones obligatorias como se debe; pero siguiendo a los estudiantes de Risale-i Nur, cuarenta o cincuenta sin excepción han comenzado a realizarlas perfectamente; esto es una instrucción y una guía tal a través de los actos y a sus maneras, que reduce a la nada la angustia y la dificultad; por cierto, hace que uno las ame. Esperamos de la misericordia y de la gracia Divina que tal como los estudiantes han enseñado esto a través de su estado, así también a través de la fe verdadera y poderosa
