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بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ وَاِنْ مِنْ شَىْءٍ اِلَّا يُسَبِّحُ بِحَمْدِهِ
¡Mis Queridos Hermanos Leales!
Que nos escapemos de esta calamidad y nos salvemos de ella es imposible en dos sentidos:
El Primero: Ya que el Decreto Divino determinó que debemos enfrentar parte de nuestro destino aquí, de todos modos hubiéramos llegado aquí. Esta forma entonces es la mejor.
El Segundo: No encontramos una forma de salvarnos de los complots que están tramando en nuestra contra. Los percibo, pero no hay salida. Los desafortunados Sheik Abdülhakim y Sheik Abdülbaki no encontraron la forma de salvarse. Esto significa que quejarse entre sí de esta calamidad es tanto injusto como sin sentido y dañino, es sentir una especie de ofensa para Risale-i Nur. ¡Cuidado! Considerar algunas actividades de los estudiantes líderes como la causa de esta calamidad y sentirse indignados con ellos, es alejarse de Risale-i Nur y arrepentirse de haber aprendido las verdades de la fe. Esta es una calamidad inmaterial mucho más grande que la calamidad material. Juro que a pesar de que mi parte de esta calamidad es veinte o treinta veces más grande que la vuestra, porque ellos han actuado con una intención pura, no me enojaría con ellos ni siquiera si la calamidad, que ocurrió debido a la falta de cuidado, fuera diez veces más grande. También es un sinsentido objetar cosas del pasado, porque no se pueden reparar.
¡Hermanos míos! La ansiedad duplica la calamidad; también enraíza la calamidad física en el corazón; también sugiere objetar y criticar al Decreto Divino y la acusación en contra de la misericordia Divina. Ya que todo tiene un lado bueno y en todo hay una manifestación de misericordia Divina, y el Decreto Divino actúa con justicia y sabiduría; seguramente somos responsables de no darle importancia ni a un problema pequeño que suframos como resultado de la tarea sagrada que estamos realizando que le concierne a todo el mundo islámico en esta época. ∗∗∗
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[Una condición mía sin importancia y común requirió que les escribiera esto.]
¡Hermanos Míos!
He formado la firme convicción de que el mal de ojo me afecta severamente y me enferma. Lo he experimentado en varias ocasiones. Deseo con todo mi corazón y mi alma ser un compañero de ustedes en todas las circunstancias, pero según la regla famosa: اَلنَّظَرُ يُدْخِلُ الْجَمَلَ الْقِدْرَ وَالرَّجُلَ الْقَبْرَ el mal de ojo me ha afectado. Porque quienes me miran, lo hacen, ya sea con odio violento o con aprecio. Ambos están presentes en las miradas de algunas personas que tienen la habilidad de afectar con el mal de ojo. He formado la intención entonces de que si es posible y no me obligan, no siempre los acompañaré cuando van a la corte.
