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Un Rasgo Sorprendente del Carácter de Bediüzzaman

[Esto apareció en el 15° Teshrin-i Evvel, 1948 número de la revista Ehl-i Sünnet. Lo escribió el dueño de la revista, que es abogado.]

Bediüzzaman fue tomado como prisionero el mismo día que me hirieron y me capturaron en Bitlis durante la Primera Guerra Mundial. A él lo enviaron a Liberia, a uno de los grandes campos de prisioneros de guerra. Yo estaba en la isla Nangün cerca de Baku. Un día, Nicola Nicolayavich visitó el campo para inspeccionar a los prisioneros. Mientras pasaba frente a Bediüzzaman, Bediüzzaman lo ignoró, ni se le movió un dedo. Esto atrajo la atención del Comandante en Jefe. Con algún pretexto, pasó una segunda vez y nuevamente Bediüzzaman no se movió. Pasó una tercera vez, y se detuvo, entonces siguió el siguiente diálogo:

“¿Usted sabe quién soy yo?”

“Sí, lo se. Usted es Nicola Nicolayavich, el tío del Tzar y el Comandante en Jefe del Frente Caucásico”.

“Entonces, ¿por qué me insulta?”

“Discúlpeme, pero no lo he insultado. Estoy haciendo meramente lo que mi fe me demandan”.

“¿Qué le demanda su fe?”

“Soy un académico musulmán. Tengo fe en mi corazón. Alguien con fe en su corazón es superior a alguien sin fe. Si me hubiese puesto de pie, hubiera sido irrespetuoso con mi fe. No me paré por esa razón”.

“En ese caso, al decir que yo no tengo fe, usted está insultando tanto a mi persona y al ejército al que pertenezco como a mi nación y al Tzar. Una corte militar se establecerá inmediatamente y él será interrogado”.

Con esta orden, se estableció una corte militar. Los oficiales turcos, alemanes y austriacos del cuartel general todos le rogaron a Bediüzzaman que se disculpe con el Comandante en Jefe. Él respondió así:

“Yo quiero viajar al reino del Más Allá, a la presencia del Mensajero de Allah (PyB), y tengo que tener un pasaporte. No puedo actuar en contra de mi fe”.

Nadie pudo abrir sus bocas frente a esto, y esperaron los resultados. La interrogación terminó, y dictaron una sentencia de ejecución por insultar al Tzar ruso y al ejército. Bediüzzaman le dijo animado al oficial que lideraba al pelotón que vino a llevar a cabo la sentencia: “Permítame quince minutos para realizar mi tarea”. Hizo las abluciones, luego mientras realizaba dos rakats de oraciones, apareció Nicola Nicolayavich y dijo:

“¡Perdóname! Yo creí que usted actuó así para insultarme, entonces lo hice juzgar según la ley. Pero ahora me doy cuenta de que usted estaba meramente actuando por su fe y estaba llevando a cabo lo que ellas le imponen. El juicio queda anulado. Usted merece respeto por la firmeza de su fe. Lo molesté, nuevamente, perdóneme”.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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