nos pide es simplemente decir ﴾ بِسْـمِ اللّٰهِ ﴿ y ﴾ اَلْحَـمْدُ لِلّٰهِ ﴿. En otras palabras, el precio aceptado para todas aquellas numerosas bendiciones preciosas es decir al comienzo de todas las cosas, ﴾ بِسْمِ اللّٰهِ الرَّحْمٰنِ الرَّحِيـمِ ﴿, y a su final, ﴾ اَلْحَـمْدُ لِلّٰهِ ﴿.
Ya que esta Cuarta Verdad está explicada y probada en otra parte de Risale-i Nur, nos contentamos aquí con esta breve alusión.
La Quinta Verdad {29}
LA QUINTA VERDAD percibida por nuestro viajero en la segunda etapa: la existencia en la totalidad del cosmos, sus pilares y partes y todos los seres contenidos en él, de la orden más perfecta y regularidad; la igualdad de las sustancias y los seres con sentido que son los medios de la rotación y la administración de ese reino enorme y están relacionados con su esquema general; el hecho de que los Nombres Divinos y los hechos que están trabajando en aquella ciudad magnífica, esa exposición enorme, se cercan y entienden todas las cosas o la mayor parte de ellas, a pesar de que están uno dentro del otro, son de la misma naturaleza, lo mismo, y que son el mismo Nombre y hecho en cada lugar; el hecho de que los elementos y las especies, que son los medios para administrar, habitar y construir ese palacio bien embellecido, cubre la faz entera de la tierra en su difusión, a pesar de que están el uno dentro del otro, son de la misma naturaleza, y el mismo elemento y las mismas especies que se encuentran en todas partes – todas estas demandas, demuestran y afirman, necesaria y evidentemente, lo siguiente:
El Hacedor y Quien Dispone de este cosmos, el Monarca y Nutrido de este reino, el Maestro y Constructor de este palacio, es uno, único, solo. Él no tiene semejante ni par, ni compañero, ni ministro, ni ayuda. Él no tiene ni compañero, ni opuesto, él no tiene, ni inhabilidad, ni deficiencia. Sí, ordenar es en sí mismo una expresión perfecta de la unidad; demanda un sola orden. No da lugar a la asignación de copartícipes a Allah, fuente de disputa y desacuerdo.
Hay una orden sabia y precisa inherente en todas las cosas, universal o particular, desde el esquema total del cosmos y la rotación diaria y anual de la tierra hasta la fisonomía del ser humano, lo complejo de los sentidos en la cabeza del ser humano y circulación de las células blancas y rojas en la sangre del ser humano. Nadie sino el Absolutamente Poderoso y Absolutamente Sabio puede estirar su mano intencional y creativamente hacia cualquier cosa, ni interferir. Al contrario, todas las cosas son destinatarios, medios de manifestación y objetos pasivos.
Ahora, la búsqueda de ciertos objetivos y la concesión de regularidad con miras a beneficios seguros, puede hacerse sólo por medio del conocimiento y de la sabiduría y realizarse sólo con voluntad y elección.
