consideran apropiado, pueden sumarlo al final de las Defensas en lugar de una firma, y a Los Frutos de la Fe y las cartas cortas. Esa firma extraña consiste de las siguientes tres oraciones y media:
► (45) ◄
اَلدَّاعٖى
Mi tumba demolida en la que están acumulados los sesenta y nueve Saids muertos con sus pecados y pesares.
La número setenta es una lápida para una tumba; totalmente lloran por el declive del Islam.
Tengo esperanza de que los cielos del futuro y de Asia juntos se rindan ante la mano limpia y brillante del Islam,
Porque promete la prosperidad de la fe; le brinda paz y seguridad a la humanidad. ∗∗∗
► (46) ◄
¡Mis Queridos Hermanos Leales!
La razón de la importancia suprema que le doy a vuestra solidaridad no es sólo por sus ventajas para nosotros y para Risale-i Nur, sino por la masa de creyentes que no están dentro de la esfera de la fe certera y verificada, y necesitan mucho de un punto de apoyo y una verdad que una comunidad, inquebrantable ante los eventos, encuentran ciertas. Ya que es una autoridad, una guía, una prueba, que no es temible, ni estremecedora, ni corruptible ni engañosa frente a las corrientes de extravío, quien ve vuestra solidaridad poderosa forma la convicción de que hay una verdad que se puede sacrificar por nada que no se inclina ante los extraviados, ni es derrotada; su esfuerzo espiritual y fe se fortalecen, y se salva de unirse a lo mundanal y sus vicios. ∗∗∗
► (47) ◄
بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
¡Mis Queridos Hermanos Leales!
¡Cuidado! No disputen entre ustedes, las orejas espías tomarán ventaja de ello. Con razón o no, quienes discuten en nuestra situación están errados. Incluso si tiene un poquito de razón, al disputar podrían provocarnos un daño incalculable.
Repetiré una historia que una vez le dije a mis hermanos irritables en la Prisión de Eskishehir. Durante la Primera Guerra Mundial, me mantuvieron como prisionero junto con noventa oficiales en un largo dormitorio en el Norte de Rusia. Ya que me tenían un respeto mucho más elevado que lo que me corresponde, por mi consejo a ellos, no permití ningún ruido ni molestia. Pero luego, la irascibilidad que surge de las limitaciones e irritaciones dio a lugar a peleas violentas. Les dije a tres o cuatro de ellos que cada vez que oyeran una disputa ruidosa, fueran y ayudaran a los que estaban equivocados. Ellos
