de Allah en forma de gotas. Es por esta razón que a la lluvia se la llama “misericordia”.
Después el viajero ve el relámpago y escucha los truenos y ve que ambos, también, son empleados en tareas maravillosas.
Luego apartando sus ojos de éstos, contempla su propio intelecto y dice: “La nube inanimada, sin vida que se parece al algodón cardado no tiene, por supuesto, ningún conocimiento de nosotros; cuando viene a nuestra ayuda, no es porque se compadezca de nosotros. No puede aparecer y desaparecer sin recibir órdenes. Mejor dicho actúa según las órdenes del comandante más poderoso y compasivo. Primero desaparece sin dejar rastro, entonces de repente reaparece a fin de comenzar su tarea. Por la orden y el poder del más activo y exaltado, el más magnífico y espléndido Sultán llena y luego vacía la atmósfera. Inscribe el cielo con sabiduría y borrando el dibujo, hace del cielo un cuaderno de afirmación, una pintura de la reunión y la resurrección. Con la precaución del más generoso señor más munificente y solícito, un legislador que regula y dispone del viento y, subiendo con los tesoros de la lluvia, cada uno tan pesado como una montaña, se apresura a ayudar al necesitado. Es como que está llorando sobre ellos con compasión, con sus lágrimas que hacen sonreír a las flores, atenuando el calor del sol, rociando jardines con el agua, y lavándose y limpiando la faz de la tierra”.
Ese viajero perplejo entonces le dice a su propio intelecto: “Esas cientos de miles de tareas sabias, misericordiosas e ingeniosas y esos actos de generosidad, piedad y ayuda que provienen del velo y la forma externa de este inanimado, aire sin vida, inconsciente, volátil, inestable, tempestuoso, perturbado, e inconstante, claramente establecen que este viento diligente, este siervo incansable, nunca actúa por sí mismo, pero mejor dicho según las órdenes del más poderoso y sabio, el jefe más sabio y generoso. Es como si cada partícula fuese consciente de cada tarea, como el entendimiento de un soldado y escucha cada orden de su jefe, ya que oye y obedece cada orden dominante que va a través del aire. Ayuda a todos los animales a respirar y vivir, a todas las plantas a polinizar y crecer, y cultiva toda la materia necesaria para su supervivencia. Dirige y administra las nubes, hace posible el viaje de los barcos de vela, y permite que los sonidos sean transmitidos, en particular por medio del teléfono, la radio y otras numerosas funciones universales.
“Ahora estos átomos, cada uno formado de dos materiales simples como hidrógeno y oxígeno y cada uno parecido al otro, existen artes del Sustentador en cientos de miles de maneras diferentes por todo el mundo; concluyo por lo tanto que ellos están siendo empleados y puestos a trabajar en sumo orden por una mano de sabiduría.
Es decir:
﴿ وَتَصْر۪يفِ الرِّيَاحِ وَالسَّحَابِ الْمُسَخَّرِ بَيْنَ السَّمَٓاءِ وَالْاَرْضِ ﴾
quien a través de su sustentador, por la disposición de los vientos los emplea en funciones dominantes innumerables, quien a través de su misericordia de las órdenes de las nubes las usa en tareas infinitas de piedad y quién crea el
