manera que no interfiere con los irreligiosos y disolutos. Me he retirado de la vida política y social por diez, y ahora son veinte, años. No se el estado del Gobierno de la República. Si, Allah no lo permita, ha tomado una forma temible por la cual, por la irreligión, promulga leyes condenando a quienes trabajan por su fe y por sus vidas en el Más Allá, proclamo ante ustedes sin temor alguno y les advierto: si tuviera mil vidas, estaría listo para sacrificarlas a todas por la fe y el Más Allá. Hagan lo que quieran, mi última palabra es: ﴾ حَسْبُنَا اللّٰهُ وَنِعْمَ الْوَك۪يلُ ﴿ Enfrentado a vuestra sentencia injusta a la pena de muerte o prisión perpetua, digo: como Risale-i Nur ha descubierto y probado fehacientemente, no seré ejecutado sino liberado de mis obligaciones; e iré al mundo de luz y a la morada de la dicha. En cuanto a ustedes, ¡desafortunados que nos persiguen en nombre del extravío! Ya que se que están sentenciados a la aniquilación eterna y al confinamiento solitario perpetuo, estoy preparado para rendir a mi espíritu con perfecta paz en mi corazón, habiéndome vengado de ustedes completamente.
El prisionero, Said Nursi ∗∗∗
بِاسْمِهِ سُبْحَانَهُ
¡Señores!
He formado la opinión cierta, como resultado de numerosas indicaciones, de que hemos sido atacados no por ‘poner en peligro la seguridad pública al explotar los sentimientos religiosos’ en nombre del Gobierno, sino que detrás de un manto de mentiras, en nombre del ateísmo, por nuestra fe y nuestro servicio de la fe y la seguridad pública. Una prueba de esto, entre muchas, es que a pesar de que veinte mil personas que leen y aceptan las veinte mil copias de las partes de Risale-i Nur durante veinte años, la seguridad pública no se ha puesto en peligro por los estudiantes de Risale-i Nur en ninguna ocasión de ninguna manera, no se registró ningún incidente por el Gobierno, ni tampoco las cortes anteriores y las presentes han encontrado tal incidente. Mientras que, si hubiera habido cualquier propaganda política ponderosa generalizada, se hubiera vuelto evidente dentro de veinte días. Es decir, contrario al principio de libertad de conciencia, el Artículo 163 de esta ley ambigua, que abraza a todos quienes dan consejo religioso, es una máscara falsa. Los ateos engañan a ciertos miembros del Gobierno, confunden al tribunal y quieren aplastarnos sin importar lo que suceda.
Ya que la realidad del asunto es esta, decimos con toda nuestra fuerza: ¡Oh, desdichados que venden la religión por el mundo y han caído en absoluta incredulidad! ¡Hagan lo que puedan! ¡Vuestro mundo será el fin de vosotros! Y va a ser así. ¡Que nuestras cabezas también se sacrifiquen por una verdad sagrada por la que cientos de millones de cabezas se han sacrificado! ¡Estamos listos para cualquier castigo y para nuestra ejecución! En esta situación, estar fuera de la prisión es cien veces peor que estar dentro de ella. Ya que no hay
