inalcanzables deseos y sus vulnerables espíritus, convertirán sus vidas y sus mentes en instrumentos de tortura. Pero entonces, a través de la enseñanza de la fe en el Más Allá, en lugar de sus ansiedades y de los juegos detrás de los que se esconden para no ver aquellos muertos, sentirán gozo y expansión y dirán: “mi hermano o mi amigo ha muerto y se ha transformado en un ave del Paraíso. Está volando y él mismo disfruta mejor que nosotros. Y mi madre ha muerto pero se ha ido a la misericordia Divina. De nuevo me llevará en su vientre en el Paraíso y la veré nuevamente”. Podrán vivir en un estado acorde a la humanidad.
Es solamente con la fe en el Más Allá que los ancianos, quienes son el otro cuarto de la humanidad, pueden encontrar consuelo, de cara a la extinción cercana de sus vidas, su entrada a la tumba, y sus delicados y amables mundos llegando al fin. De otra forma, esos padres amorosos, venerables y esas madres devotas y tiernas sentirían tal disturbio del espíritu y tumulto del corazón que el mundo se volvería una prisión desesperante para ellos y la vida, una espantosa tortura. Pero entonces la fe en el Más Allá les dice: “¡No se preocupen! Tienen juventud inmortal, que vendrá; una vida brillante y eterna los espera. Serán felizmente unidos con sus hijos y parientes que han perdido. Todos sus buenas obras serán guardadas y recibirán su recompensa”. Se les ofrece consuelo y gozo que aún al experimentar la vejez cientos de veces al mismo tiempo, no les causaría desesperación.
Un tercio de la humanidad está compuesta por los jóvenes. Con sus emociones turbulentas, los jóvenes no siempre son capaces de controlar sus audaces inteligencias y están superados por sus pasiones. Entonces si pierden su fe en el Más Allá y no recuerdan los tormentos del Infierno, ponen en riesgo la propiedad y el honor de las personas honestas de la sociedad, la paz y el amor propio de los ancianos y de los débiles. Un joven puede destruir la felicidad de un hogar feliz por un minuto de placer, luego pagar su falta en prisión por cuatro o cinco años, transformándose en un animal salvaje. Si la fe en el Más Allá viene en su ayuda, rápidamente recapacita y dice: “es verdad que los informantes del gobierno no me pueden ver y me puedo ocultar de ellos, pero los ángeles del Glorioso Monarca quien tiene una prisión como el Infierno me ve y está registrando todas mis malas obras. No soy libre e independiente; soy un viajero con tareas para hacer. Un día yo también seré anciano y débil”. De repente comienza a sentir simpatía y respeto por aquellos a quienes quería asaltar cruelmente. También esto se explica con pruebas en los distintos libros de Risale-i Nur, por lo que considero es suficiente y finalizo aquí.
Otra importante sección de la humanidad son los enfermos, los oprimidos, los que sufrieron algún desastre como nosotros, los pobres y los presos de por vida; si la fe en el Más Allá no viniera en su ayuda, cuya muerte continuamente se les recuerda por medio de sus enfermedades, sus males sin venganza, la traición arrogante del opresor de quien no pueden salvar su honor, la terrible desesperación de haber perdido sus propiedades o sus hijos en serios desastres, la angustia de haber sufrido los tormentos de la prisión durante cinco
