viste diferentes uniformes, tiene distintos tipos de entrenamiento y dan cumplimiento a sus deberes de diversas maneras. Si este ejército y campamento tienen un comandante que hace milagros y que por sus propios medios provee a todas esas diferentes naciones con todas sus diversas provisiones, armas, uniformes y equipamientos sin olvidar ni confundir ninguno de ellos entonces, sin lugar a dudas, el ejército y el campamento ponen de manifiesto y hacen que su comandante sea querido con gran aprecio. De la misma forma, el campamento de primavera de la faz de la Tierra en la que en cada estación se encuentra el Ejército Divino, recientemente reclutado, de cuatrocientas mil especies de plantas y animales, recibe sus diversos uniformes, provisiones, armas, entrenamientos y desmovilizaciones de manera perfecta y regular, proveniente de un Comandante en Jefe que nunca olvida ni confunde nada de ellos –en cualquier medida el campamento de primavera es más vasto y perfecto que cualquier ejército humano, - por medio de la medida o escala de la ciencia militar que estudias- da a conocer al atento y sensible, su Gobernante, Protector, Administrador, y el Comandante más Sagrado, despertando admiración y ovación y haciendo que sea querido, enaltecido y glorificado.
Otro ejemplo: millones de luces eléctricas que se mueven y viajan por una ciudad maravillosa, cuyo combustible y fuente de electricidad nunca se agotan, evidentemente hacen conocer a un artesano que hace maravillosas obras y un electricista extraordinariamente talentoso que controla la electricidad, hace las lámparas móviles, configura la fuente de electricidad y lleva el combustible; incita a otros que lo feliciten, lo aplaudan y lo amen. De la misma manera, aunque algunas de las lámparas de las estrellas en el techo del palacio de la Tierra en la ciudad del universo –si se consideran como indica la astronomía- son mil veces más grandes que la Tierra y se mueven setenta veces más rápido que una bala de cañón, no rompen su orden, ni colisionan una con otra, ni se extingue su combustible. De acuerdo con la astronomía que estudias, para que nuestro Sol siga brillando, que es un millón veces más grande que la tierra y un millón años mayor que ella y es una lámpara y una estufa en la casa de huéspedes del Más Misericordioso, le haría falta tanto aceite como los mares de la Tierra y tanto carbón como sus montañas y mucha leña y madera serían necesarias en una cantidad igual a diez tierras para que no se extinga.
Y aunque sean más grandes y más perfectas que en este ejemplo, las lámparas del palacio de la Tierra en la ciudad majestuosa del universo, apuntan con sus dedos de la luz hacia un poder y una soberanía infinitos que iluminan al Sol y a otras estrellas sublimes como él sin combustible, leña, ni carbón, no permitiendo que se apaguen o ni que colisionen una con otra, a pesar de que viajan juntas a toda velocidad, a este nivel – por medio de medida de la ciencia de electricidad que estudias o estudiarás – todo ello testifica y hace conocer al Soberano, Iluminador, Director y Creador de la poderosa exposición del universo; todo ello Lo hace querido, glorificado y adorado.
