inmortalidad tomó la delantera y se rebeló contra la muerte. La clemencia y la compasión por los seres humanos en mi naturaleza, también, se sublevaron contra la aniquilación y la desaparición de la gente de perfección, los profetas famosos, los evliyas, y los purificados, por quienes siento un gran amor y apego; se preparó con enojo contra la tumba. Miré en las seis direcciones, buscando ayuda, pero no encontré consuelo, ni asistencia. Porque mirando al pasado, vi un cementerio amplio; y hacia el futuro, oscuridad; y por encima vi horror; y a la derecha y a la izquierda, las situaciones dolorosas y los asaltos de innumerables cosas dañinas. De pronto, el misterio de la unidad Divina acudió en mi ayuda y arrojó el velo, revelando la faz de la realidad: “¡Mira!”, decía.
Primero que nada miré el rostro de la muerte, que me asustó mucho. Vi que para la gente de fe era un cese de actividades. La hora señalada eran los papeles de desmovilización. Era un cambio de morada, la introducción a una vida eterna, y la puerta que conducía a ella. Sería liberado de la prisión de este mundo y volaría en los jardines del Paraíso. Fue la ocasión en que uno entra en presencia del Más Misericordioso para recibir los salarios por los servicios prestados. Fue un llamado a ir al reino de la dicha. Comprendiendo esto con absoluta certeza, comencé a amar la muerte.
Entonces miré la fugacidad los vi como una renovación similar placentera y un refrescar, como películas en la pantalla de un efímero cine y las burbujas del agua que fluyen bajo el sol. Viniendo del Mundo de lo Oculto para refrescar las manifestaciones exquisitas de los Más Bellos Nombres, fueron una excursión, un viaje, en el Mundo Manifiesto, con ciertas tareas que realizar; eran una manifestación sabia y con un propósito de la Belleza Divina; cumplieron la función de espejos de la Belleza Eterna de los seres. Esto lo supe con certeza.
Entonces miré en las seis direcciones y vi que por el misterio de la unidad Divina eran tan luminosas que te encandilaban. Vi que el pasado no era una tumba amplia, sino que habiéndose transformado en el futuro, se había convertido en miles de encuentros iluminados de amigos y miles de vistas llenas de luz. Miré los verdaderos rostros de miles de asuntos como estos dos, y vi que no provocaban otra cosa más que placer y agradecimiento.
He descrito mis sentimientos sobre este Tercer Fruto con pruebas, particulares y universales, en tal vez cuarenta tratados de la Lámpara Que Ilumina. Se han explicado con tanta clara y fehacientemente en las trece ‘Esperanzas’ del Destello Veintiséis en particular, el Tratado para los Ancianos, que no podría haber una dilucidación más clara. Aquí he acortado entonces esta larga historia. ∗∗∗
