debilidad e impotencia se me aparecieron como muy lastimeros y dolorosos. Grité lamentándome al mirar a través de los ojos de la gente extraviada y negligente. Entonces vi a través del telescopio de la sabiduría Coránica y la fe que el Nombre Divino de Misericordioso había surgido en el signo de Proveedor como un sol brillante; doró con la luz de su misericordia ese mundo animal hambriento y desdichado.
Luego vi dentro del mundo animal otro mundo doloroso que se envolvía en la oscuridad y hacía que todos sintieran lástima y en la cual los jóvenes luchaban por su necesidad e impotencia. Sentí pena por haber visto a través de los ojos de los extraviados. De repente, la fe me dio otras gafas y vi el Nombre del Compasivo que se elevaba en el signo de clemencia; transformó e iluminó ese mundo lastimoso de manera feliz y bella, cambiando mis lágrimas de queja y pena en lágrimas de felicidad y agradecimiento.
Luego el mundo de la humanidad se me apareció como en una pantalla de cine. Miré a través del telescopio de los extraviados y vi que ese mundo era tan oscuro y aterrador que grité desde lo profundo de mi corazón. “¡Ay!”, grité. Porque ellos tenían deseos y esperanzas que se estiraban hasta la eternidad, los pensamientos y las imaginaciones que abrazaban al universo, las capacidades innatas y los deseos serios de la eternidad y la felicidad eterna y el Paraíso, las facultades innatas sobre las cuales no se han establecido límites y que son libres, aún a pesar de sus necesidades que miran hacia innumerables propósitos y su debilidad e impotencia estuvieron expuestos a los ataques de innumerables enemigos y los golpes de innumerables calamidades. Bajo la amenaza perpetua de la muerte, vivieron sus vidas breves y tumultuosas en circunstancias desdichadas. Siempre mirando hacia la tumba, que para los extraviados es la puerta de la oscuridad eterna, sufrieron los continuos golpes de la muerte y la separación, el estado más doloroso para el corazón y la conciencia. Vi que individualmente y en grupos eran arrojados a un pozo negro.
Al ver el mundo de la humanidad en esta oscuridad, estuve a punto de gritar con mi corazón, el espíritu y la mente, y todas mis facultades internas sutiles, por cierto todas las partículas de mi ser, cuando la luz y el poder de la fe que proceden del Corán aplastaron aquellas gafas de extravío, dándome un ojo para mi cabeza. Vi al Nombre Divino de Justo que surgía como el sol en el signo del Omnisciente, el Nombre de Misericordioso que surge en el signo de Omnisciente, el Nombre de Misericordioso que surge del signo de Munificente, el Nombre de Compasivo que surge del signo de, es decir, en nombre de, Perdonador, el Nombre de Resurrector que surge en el signo del Heredero, el Nombre de Otorgador de Vida que surge en el signo de Bendito, y el Nombre de Sustentador que surge del signo de Dueño. Iluminaron a todo el mundo de la humanidad y todos los mundos dentro de ella. Disiparon aquellos estados infernales, abrieron las ventanas hacia los mundos luminosos del Más Allá y esparcieron luces sobre el mundo de la humanidad desdichada. Declaré: “¡Tantas alabanzas y gracias sean para Allah como cantidad de partículas que
