También, si dos nueces que pesan lo mismo se ubican sobre una balanza de platillos que fuera absolutamente precisa y lo suficientemente grande como para pesar montañas, y se agregara una semilla diminuta a una de las nueces, haría elevar a uno de los platillos hasta la cima de una montaña y haría bajar el otro hasta la base del valle con la misma facilidad que haría elevar un platillo hasta los cielos y descender el otro hasta el valle si dos montañas que pesaran lo mismo se hubieran ubicado en los platillos y se hubiera agregado una nuez en uno de ellos. De exactamente la misma manera, en la terminología científica de la teología, la contingencia es igual con respecto a la existencia y la inexistencia. Es decir, si no hay nada que cause su existencia, las cosas que no son necesarias sino contingentes son iguales con respecto a la existencia y la inexistencia; no hay diferencia. Poco o mucho, grande o pequeño son lo mismo con respecto a esta contingencia e igualdad. Así, los seres son contingentes y ya que dentro de la esfera de la contingencia su existencia e inexistencia son iguales, es tan fácil para el poder eterno ilimitado del Necesariamente Existente para darle existencia a un solo ser contingente como para darles existencia a todos los seres contingentes y vestir todo con un ser apropiado, arruinando el equilibrio de la inexistencia. Y cuando las tareas de los seres finalizan, Él les quita su vestimenta de la existencia externa y en apariencia lo envía a la inexistencia, pero de hecho lo envía a una existencia dentro de la esfera de Su conocimiento. Esto significa que si las cosas se Le adjudican al Absolutamente Poderoso, la creación de la primavera se vuelve tan fácil como el de una flor, y la creación toda la humanidad el día de la resurrección de los muertos, tan fácil como la creación de una sola alma. Mientras que si se les adjudican a las causas, una flor se vuelve tan difícil como la primavera y una mosca, tan difícil como todos los seres vivos.
También, a través del misterio del orden, poner en movimiento a un gran barco o un aeroplano al apretar un botón con un dedo es tan fácil como poner en movimiento el muelle real de un reloj al girar la cuerda con un dedo. Así también ya que a través de los principios del conocimiento eterno y las leyes de la sabiduría eterna y las manifestaciones universales de la voluntad divina, sus principios específicos, a todas las cosas, universales y particulares, grandes o pequeñas, muchas o pocas, se les ha dado un molde inmaterial, una medida, proporciones particulares y límites específicos, están por completo dentro del orden del conocimiento Divino y de las leyes de la voluntad Divina. Por cierto, es tan fácil para el Absolutamente Poderoso rotar el sistema solar y hace que el barco de la tierra viaje a lo largo de su órbita anual a través de Su infinito poder como lo es hacer que la sangre circule en un cuerpo de modo ordenado y sabio, que los glóbulos rojos y blancos circulen en la sangre y que las partículas circulen en los glóbulos diminutos, porque sin dificultad Él crea al ser humano de repente junto con sus órganos maravillosos de una gotita de fluido como el sistema del universo. Esto significa, si se le adjudica a ese poder infinito y eterno, que la creación del universo es tan fácil como la creación de un solo ser humano. Pero si no se le adjudica a ese poder, se vuelve tan difícil
