Fundación de Ciencia y Cultura de Estambul
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La Primera Historia: Hace dos años un oficial habló insultante y despectivamente sobre mí detrás de mi espalda. Más tarde me lo contaron. Durante una hora me afectó debido a la vena temperamental del Viejo Said. Luego por la misericordia de Allah Todopoderoso me sucedió lo siguiente; disipó la angustia y me hizo perdonar al hombre. El hecho es este:

Me dirigí a mi alma diciendo: si sus insultos y las faltas que él describió se refieren a mi persona y a mi alma, que Allah esté complacido con él, porque él contó las faltas de mi alma. Si dijo la verdad, me condujo a entrenar mi alma y me ayudó a salvarme de la arrogancia. Si habló falsamente, me ha ayudado a salvarme de la hipocresía y de la fama que no merezco, que es la fuente de la hipocresía. No, no me he reconciliado con mi alma, porque no la he entrenado. Si alguien me dice que hay un escorpión en mi cuello o en mi pecho o bien me lo señala, debería estarle agradecido, no ofendido. Pero si los insultos del hombre se dirigían a mi fe y mi actitud de ser un siervo del Corán, no me preocupa. Lo refiero al Dueño del Corán, Quien me emplea. Él es Poderoso, Él es Sabio. Y si fuera a meramente maldecirme, insultarme y destruir mi carácter, eso no me concierne tampoco porque soy un exiliado, un prisionero, un extraño, y mis manos están atadas, y no se me ocurre intentar restaurar mi honor por mí mismo. Más bien les concierne a las autoridades de este pueblo donde soy un huésped y estoy bajo vigilancia, luego al distrito, luego a la provincia. Insultar al prisionero de una persona, le concierne a la persona; ella defiende al prisionero. Ya que la realidad del asunto es este, mi corazón se tranquilizó. Dije: ﴾ وَاُفَوِّضُ اَمْر۪ٓى اِلَى اللّٰهِ اِنَّ اللّٰهَ بَص۪يرٌ باِلْعِبَادِ ﴿

Pensé en el incidente como si no hubiera pasado, lo olvidé, pero desafortunadamente más tarde se comprendió que el Corán no lo había perdonado, encontró su castigo…

La Segunda Historia: Este año oí que un incidente había ocurrido. A pesar de que yo sólo oí un breve resumen de ello después de que había pasado, me trataron como si yo hubiese estado conectado íntimamente con ello. De todos modos, no concuerdo con nadie, y si lo hago, sólo escribo muy rara vez en relación a algunas cuestiones de la fe a un amigo. De hecho sólo le he escrito una carta a mi hermano en cuatro años. A la vez que yo me impido mezclar con otros, ‘los mundanales’ también me lo impiden. Sólo he podido encontrarme con uno o dos amigos cercanos una o dos veces por semana. En cuanto a quienes visitaban el pueblo, una o dos veces por mes tal vez uno o dos solían encontrarse conmigo por uno o dos minutos en relación a algún asunto relacionado al Más Allá. En el exilio, un extraño, solo, sin nadie, me privaron de todo y de todos en un pueblo que era apropiado para que alguien como yo trabaje para ganarme la vida. Incluso, hace cuatro años arreglé una mezquita que se venía abajo. A pesar del certificado que tenía de mi propia región para actuar de imám y predicador como lo fui en la mezquita por cuatro años (que Allah lo acepte), el pasado Ramadán no pude ir a la mezquita. A veces realicé las cinco oraciones diarias solo. Me privaron del mérito multiplicado por veinticinco por realizar las oraciones en congregación.

4–6 de octubre de 2026 · Estambul

XIII Simposio Internacional Bediuzzaman

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