intrigas de los tiranos y sus mentiras sobre nosotros. Quienes son como yo, reciben la pena capital, con orgullo se trepan a la horca, o bien se quedan libres en la posición que merecen.
Sí, un ladrón astuto puede robar diamantes muy valiosos, entonces no se condenaría a sí mismo con la misma pena por robar un pedazo de vidrio que no vale nada. Ningún ladrón haría eso, por cierto, ningún ser conciente. Ese ladrón es astuto, no absolutamente estúpido de esa manera.
¡Señores! Según sus delirios, yo soy como ese ladrón. En lugar de vivir en reclusión en un pueblo pobre en uno de los distritos de Esparta durante nueve años y de ponerme en peligro a mí mismo y a mis tratados que son el objetivo de mi vida al volver en contra del Gobierno las ideas de cinco o diez desdichados ingenuos, que se les ha dado condenas muy leves junto conmigo, yo podría haber tenido una posición elevada tanto en Ankara como en Estambul como antes y haber manipulado a la gente hacia los objetivos que yo estaba siguiendo. Entonces no me hubieran condenado con tanta cobardía, sino que me hubiera involucrado en el mundo con el orgullo y la dignidad apropiados a mi camino y mi deber.
No digo esto por orgullo ni para fanfarronear, sino con vergüenza, para señalar los errores de quienes, recordando mis viejos auto-elogios y mi vieja hipocresía, quieren humillarme para que la posición que tengo carezca de toda importancia y no se pueda beneficiar de ella. Entonces les digo:
Como alguien que, como lo confirma su vieja defensa, que se publicó bajo el nombre de El Testimonio de Dos Escuelas de Desdichas, redujo a la obediencia con un discurso a ocho regimientos rebeldes durante el Incidente del Treinta y Uno de Marzo; y se informó en los periódicos de la época, con un artículo llamado Los Seis Pasos realizó el importante servicio de volver las ideas de los eruditos de Estambul en contra de los británicos y a favor del Movimiento Nacional; y dio un discurso ante miles en Aya Sofía, haciéndolos escucharlo; y fue bienvenido con un aplauso tumultuoso por la Asamblea y los diputados de Ankara y ciento sesenta y tres diputados le asignaron ciento cincuenta mil liras para su escuela religiosa y la universidad; y sin temblar le respondió con absoluta firmeza al Presidente enojado de la oficina del Vocero y lo invitó a realizar las oraciones obligatorias; y mientras que en la Darü'l- Hikmeti'l-Islamiye se consideró valioso por unanimidad por el Gobierno de Unión y Progreso la tarea de invitar efectivamente a los filósofos de Europa a aceptar la sabiduría Islámica; y Isharat al-I'jaz (Los Signos del Milagro), el trabajo que escribió en el frente durante la Guerra y ahora lo han confiscado, pareció tan valioso para Enver Pasha, que era el Comandante en Jefe de la época, que con un respeto demostrado por nadie más y la idea de compartir el bien y la gloria de ese recuerdo de la Guerra, que estaba apresurándose hacia el futuro, contribuyó con el papel para hacer imprimir el trabajo para que las proezas de su autor durante la Guerra se recuerden; ese hombre no descendería a deshonrar la dignidad de su aprendizaje, lo sagrado de su servicio y sus miles de amigos valiosos al contaminarse a sí mismo con un crimen menor como un ladrón de caballos, o como alguien que se escapa con
