de interferir en la vida de la sociedad por medio de la política, en detrimento del gobierno o del orden público.
Tercero: Se necesitan cinco principios, esenciales, en esta época extraña para salvar la vida social de este país y esta nación de la anarquía: respeto, compasión, refrenarse de lo que está prohibido (haram), seguridad, renunciar a lo ilícito y ser obediente con la autoridad. La evidencia de que cuando Risale-i Nur se refiere a la vida de la sociedad establece y refuerza esos cinco principios de una manera poderosa, sagrada y preserva la piedra fundacional del orden público, es que durante los últimos veinte años Risale-i Nur ha convertido a cien mil personas en miembros inofensivos y beneficiosos de esta nación y este país. Las provincias de Esparta y Kastamonu son testimonio de esto. Esto significa que sabiéndolo o no, la gran mayoría de quienes intentan obstaculizar a Risale-i Nur están traicionando al país, a la nación y el dominio del Islam en nombre de la anarquía. Ciento treinta grandes bienes y beneficios para este país de los ciento treinta tratados de Risale-i Nur no se pueden refutar por los daños imaginarios de dos o tres de sus partes, que se consideran dañinos desde el punto de vista superficial de los negligentes engañados. Cualquiera que refute lo primero con lo último es absolutamente injusto y tiránico.
En cuanto a mis propias faltas personales sin importancia, sin desearlo, estoy obligado a decir esto: soy alguien que ha vivido solo y en soledad, en un exilio similar al confinamiento solitario por veintidós años. Durante ese tiempo, no he ido ni una sola vez por mi propia voluntad al mercado y a las concurridas mezquitas. A pesar de sufrir mucha persecución y angustia, ni una sola vez me he postulado al Gobierno para mi propio confort, al contrario de todos mis compatriotas exiliados. En veinte años no he leído ni un solo periódico, ni escuchado alguno, ni he sentido curiosidad por alguno. Como lo atestiguan todos mis amigos cercanos y quienes se encuentran conmigo, por dos años completos en Kastamonu y siete años en otros lugares no supe nada de los conflictos y las guerras del mundo, y si se había declarado la paz o no, o quién más estaba involucrado en la pelea, y no sentí curiosidad por ellos y no pregunté, y por cerca de tres años no escuché la radio que sonaba cerca de mí aparte de tres veces. Pero triunfante confronté con Risale-i Nur a la incredulidad absoluta, que destruye la vida eterna y transforma la vida de este mundo incluso en dolor y sufrimiento compuesto; y con Risale-i Nur, que surgido del Corán, ha salvado la fe de cien mil personas, como ellos mismos lo atestiguaron, y para cien mil personas ha transformado la muerte en papeles de cese de actividades. ¿Hay alguna ley o algún beneficio que obligue que una persona así sea acosada a este punto, y se la haga desesperar y hacerla llorar para hacer que cientos de miles de esos hermanos inocentes lloren también? ¿No es una tiranía sin precedente en nombre de la justicia? ¿No es acaso un fallo injusto sin precedente en nombre de la ley?
Si me acusan como algunos de los oficiales que registraron mi casa, diciendo: “Usted y uno o dos de sus tratados se oponen al régimen y nuestros principios…”
